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Las películas que integran esta lista ganaron un lugar gracias a la calificación que obtuvieron a partir de las reseñas recibidas, como veremos, la cinta que corona el ranking no llegó ni al 10 por ciento de aprobación, mientras que la última ni siquiera rozó la media. Veamos pues, cuáles son las peores películas según la critica en varios sitios de cine.

BATMAN Y ROBIN

Su estreno se tuvo el 27 de junio de 1997.

Batman y Robin a pesar de sus diferencias, tienen que trabajar más que nunca para evitar que el Dr. Victor Fries, Mr Freeze, congele todo Gotham. Además la científica, Pamela Isley especialista en plantas, tendrá un accidente y se convertirá en la terrible Hiedra Venenosa, que pretende acabar con la raza humana para que la flora gobierne la tierra. Con la ayuda de Batgirl acabaran con todos los villanos.

La primera era mala, la segunda imposible. En ambos caso se rodeó de un elenco de actores de más o menos renombre para darle más empaque a unas propuestas basadas en un sentido del espectáculo meramente pirotécnico, con una concepción en la puesta en escena que pretende ser novedosa y acaba siendo trasnochada. En Batman y Robin no importa penas nada. Tan solo comprobar como aumenta la nómina de personajes que pululan frente a la cámara sin tener demasiado claro que hacen o dejan hacer ahí. Poco más se puede decir de una película que nunca debería haberse producido, o sí, en realidad da un poco igual teniendo en cuenta que Schumacher ha dejado claro durante más de dos décadas que es incapaz de hacer una obra en condiciones. La presencia de Schwarzenegger como malo que al final se redime, resulta tan grotesco como impuesto, irritante en su conservadurismo.

SUPERMAN IV: EN BUSCA DE LA PAZ

Estrenada el 14 de agosto de 1987.

Después de salvar a los cosmonautas soviéticos de un cometa que se avecinaba contra su nave espacial, Superman decide regresar a Smallville con la identidad de Clark Kent (Christopher Reeve, ‘Superman’). Escondido en el viejo trastero, encuentra la cápsula que le trajo siendo un niño a la Tierra, eliminando el cristal de criptonita que tiene. A su regreso a Metrópolis como el periodista Clark Kent, se vuelve a incorporar al Daily Planet, pero cuando llega se entera de que el periódico ha caído en las garras del magnate David Warfield (Sam Wanamaker), y que ha colocado a su hija Lacy (Mariel Hemingway) como la nueva editora.

Cuando salta la noticia de que Estados Unidos y la Unión Soviética pueden llegar a desatar una guerra atómica, Superman se presenta en la sede de las Naciones Unidos, bajo consejo de Lois Laine, para anunciar que liberará a la Tierra de todas las armas, llevándoselas fuera de la órbita terrestre para luego lanzarlas al Sol. Lex Luthor (Gene Hackman, ‘The French Connection’) es una de las personas que está detrás de las pretensiones militares a favor de un ataque.

DAREDEVIL

Abogado de día, superhéroe de noche, Matt Murdoch posee un oído, un olfato, una fuerza y una agilidad increíblemente desarrolladas. A pesar de ser ciego, su sentido de radar le permite moverse y evitar hasta el menor obstáculo. Incansablemente, este ser torturado recorre las calles de Nueva York a la caza de todo tipo de criminales a los que no puede castigar en un tribunal. Daredevil se enfrentará a Kingpin, alias «El Rey», que dirige con mano de hierro a la mafia neoyorquina, así como a su esbirro, Bullseye, alias «El Tirador».

En pleno éxtasis del cine de superhéroes, hubo muchos aciertos, pero también muchos errores. Uno de los más clamorosos sin duda fue ‘Daredevil’. Todo en esta película parece equivocado desde un principio, tanto para el fan de Marvel como para el espectador medio. El primero sufría al ver en la piel del héroe al inexpresivo Ben Affleck, a una Elektra de pelo tostado y a un Kigpin negro, además de una estética videoclipera, lejos de los mejores momentos del personaje, aquellos en los que intervino la fuerte personalidad de Frank Miller.

La película sigue el habitual patrón argumental de nacimiento y toma de conciencia del héroe. Aquí un abogado ciego que desarrolla poderosamente los otros sentidos y convertido en un héroe por deseos de venganza contra una sociedad mafiosa. Así, sus ansias vengativas irán a la par que su sentido de la justicia. Por el camino, un Colin Farrell calvo interpretando a un malvado sin ningún carisma, y una guapa Jennifer Garner interpretando a la carismática (en los comics) Elektra. Una actriz inadecuada para el papel, pero que aún así fue material para una secuela, quizás algo más afortunada que este pobre film.

DRAGONBALL EVOLUTION

El 8 de abril del 2009 llego una mala adaptación de uno de los personajes mas seguidos en el anime y manga japonés.

Cuando Goku cumple 18 años, su abuelo Gohan le regala una bola pequeña con la superficie suave y translúcida, llamada esfera de dragón. Se sabe que existen otras seis esferas idénticas y que su dueño podrá pedir un deseo que será realizado. El pasado de Goku está relacionado con la existencia de las bolas, pero él no lo sabe. Gohan le promete que le contará la verdad en su cena de aniversario, pero el joven se va a la fiesta de Chi Chi, su amiga del colegio. En su periodo de ausencia, ocurre una tragedia en su casa y Goku, junto a sus amigos, tendrán que partir en busca de las siete bolas de dragón.

Esta adaptación del célebre manga de Akira Toriyama con el que muchos estarán familiarizados gracias a la popular serie de animación del mismo nombre, es un claro ejemplo de producto pensado única y exclusivamente para la taquilla. El argumento general del filme le parecerá familiar al espectador: un Son Goku con superpoderes que marchará en busca de las siete bolas de dragón para evitar que el malvado Piccolo cumpla su deseo de destruir el mundo.

Sin embargo, el filme introduce suficientes elementos para convertir la historia de Son Goku en una «teen movie» con muy poca garra, con un trabajo nulo a nivel de dirección y con un guión sin ningún sentido de la coherencia o de la evolución narrativa. Despojados de ese sentido del humor tan particular y obsceno, los personajes se vuelvan arquetipos planos e insulsos del cine de adolescentes puestos al servicio de un filme destinado al mercado americano y que no logra salir airoso ni siquiera en las escenas de combate.

CUATRO FANTÁSTICOS

Adaptación del 21 de agosto del 2015

Reboot de la saga ‘Los Cuatro Fantásticos’.

Sue, Reed, Ben y Johnny son cuatro astronautas que en una misión en el espacio son expuestos a una radiación cósmica imprevista y como resultado adquieren superpoderes. Sue puede hacerse invisible, Reed adquiere super-elasticidad, Ben se convierte en roca y Johnny puede prenderse en fuego y volar. Así, se convierten en Los Cuatro Fantásticos: La Mujer Inivisible (Sue), Mr. Fantástico (Reed), La Cosa (Ben) y La Antorcha Humana (Johnny).

En este reinicio de la franquicia del equipo de superhéroes de Marvel, tenemos a Kate Mara como La Mujer Inivisible, a Miles Teller como Mr. Fantástico, Jamie Bell como La Cosa y Michael B. Jordan como La Antorcha Humana. El Dr. Doom está interpretado por Toby Kebbell.

Vayamos por partes. En realidad, Cuatro Fantásticos lleva dentro de sí dos filmes: el de Josh Trank, y el de sus productores. El primer segmento transcurre, más o menos, durante la primera hora del montaje estrenado, y, sin dar ganas de tirar cohetes, sí que resulta muy estimable. Pese a recurrir a la mil veces consabida y maldita ‘historia de origen’, sus imágenes se las apañan para transmitir un acusado sentido de la maravilla, así como para hacernos querer a sus personajes (especialmente a ese Victor Von Doom primerizo y aún entrañable) y para respetar el legado del maestro Jack Kirby a base de máquinas ciclópeas y zonas negativas. Sí, podríamos haber tenido una Sue Storm (Kate Mara) menos doliente, o un Jamie Bell más expresivo como Ben Grimm, la futura Cosa de ojos azules, pero eso serían matices. En todo caso, y aunque se le note algún tijeretazo ocasional, estamos ante un producto digno de ser visto.

Cuando esta sección acaba, empieza lo malo: una sucesión de imágenes tan descoyuntadas, tan delatoras de su condición de producto industrial, que dan ganas de abrazar al director y decirle “tranquilo, Josh, te entendemos”.